Gustavo
Caminé por el jardín lateral, pero no la encontré. Decidí ir hasta los jardines de atrás. Me acerqué despacio y la vi recostada bajo el banco, debajo de uno de los árboles. Me aproximé rápido y me incliné sobre su cuerpo, sujetándole los brazos, sintiendo su respiración caliente golpearme el rostro.
—Te advertí que no tenías ninguna posibilidad de ganarme, diabla.
Lívia se rio, aun atrapada.
—¿Y entonces qué vas a hacer? ¿Castigarme?
Me acerqué tanto que nuestras bocas casi se rozaron.