Júlio César
Salí del cuarto con el corazón oprimido, los pensamientos girando desordenados después de volver a mirar las fotos de Isadora. Cuando llegué al pasillo, encontré a mi padre caminando rápido, con la mirada cargada de molestia.
—Vi por la ventana cuando llegó Marcela Mancini —comenté.
Mi padre suspiró, visiblemente irritado.
—Esa mujer vino aquí a molestarme. Inoportuna y venenosa. Tuvo la audacia de anunciarse como Marcela Ridell para conseguir entrar en esta casa. Y todavía tuvo el