Jaqueline
Mis ojos brillaron como si reflejaran cada destello de luz que se desprendía de las joyas. Mi corazón latía acelerado. Mi mirada recorrió lentamente el collar y los pendientes, admirando el trabajo minucioso.
—Estas joyas son esmeraldas con diamantes. Perfectas y delicadas como tú —dijo Alexandre, acercando el estuche.
Las esmeraldas de un verde profundo, entrelazadas con brillantes, centelleaban como pequeñas estrellas. Cada detalle parecía vivo. El collar tenía forma de hojas y los pendientes delicados lo acompañaban en el mismo diseño. Mis dedos se deslizaron suavemente sobre las piedras, sintiendo el frío delicado de las esmeraldas y el brillo intenso de los diamantes reflejando la luz.
—Alexandre… yo… no tengo palabras —mi voz salió temblorosa—. El conjunto es bellísimo.
Él esbozó una sonrisa satisfecha, seguro de que ya sabía cuál sería mi reacción.
—Estaba seguro de que te iba a gustar.
—Pero ¿cómo… elegiste algo tan perfecto? Y encima combina con mi vestido.
—¿Olvida