Jaqueline
Cuando los ojos de Edgar Nolasco se fijaron en mí, su expresión se transformó. La mirada austera de antes dio paso a una sonrisa genuina y acogedora, como si hubiera encontrado a una amiga de toda la vida.
Comenzó a caminar hacia mí con pasos firmes, pero sin prisa, transmitiendo seguridad y simpatía al mismo tiempo. Sus hijos caminaban detrás de él, observando cada movimiento.
—¡Jaqueline! —dijo Edgar, extendiendo la mano de forma cálida al acercarse—. Es un placer volver a verte, q