Jaqueline
La gran mesa del comedor estaba puesta con organización y buen gusto. Frutas cortadas, panes variados, jugos, café, yogures. Todo impecablemente dispuesto, como si fuera un desayuno de hotel cinco estrellas.
—Si nos sentamos para aprovechar todo esto… vamos a llegar a la empresa a la hora del almuerzo.
Alexandre, ya vestido impecablemente, se encogió de hombros con una sonrisa en los labios.
—Después de nuestros ejercicios de más temprano, necesito que empieces el día bien alimentada.