Raissa Vilela
El sonido del videojuego llenaba la sala. Iván estaba tirado en el sofá, con un pantalón de buzo y sin camisa, los ojos pegados a la pantalla, manejando el control con precisión e indiferencia.
—¿Vas a quedarte ahí todo el día? Me gasté una fortuna en ese fotógrafo profesional para armar tu portafolio, Iván. ¡Y la última vez que fuimos a Elysium no mostraste el mínimo interés, ni siquiera abriste la boca! —me planté de pie frente a él, con los brazos cruzados y extremadamente irri