Jaqueline
Leila levantó el rostro, el rímel corrido marcado por las lágrimas. Los ojos rojos y la mirada perdida intentaban en vano encontrar algo de piedad en su marido.
—Fue algo del momento… no lo pensé. —Su voz estaba entrecortada, una mezcla de arrepentimiento y desesperación.— ¿Estás satisfecha ahora, Jaqueline?
—¿Satisfecha? —pregunté, mirándola a los ojos—. Leila, fuiste tú quien causó todo esto. Yo nunca hice nada en tu contra. Nadie te obligó a usar el video contra mí, a distorsionar