Jaqueline
—Buenos días, Jaqueline… Esta vez no lograste escapar.
La voz grave, con un tono casi bromista, resonó por el ambiente.
—Buenos días, Alexandre. No fue por falta de intentos. —Intenté mantener el humor, pero mis ojos decían otra cosa.
Alexandre dejó el celular sobre el aparador y se acercó despacio. Sus ojos oscuros se fijaron en mí, como si quisiera descifrarme por completo. El aire entre nosotros parecía más denso, cargado de una tensión silenciosa.
—Me alegra —sonrió levemente—. No