Gustavo
Me despedí de los chicos en el bar de siempre, con un apretón de manos y algunas risas.
—¡Ah, no, Gustavo! ¡Quédate un rato más! —gritó Vinícius, ya medio entonado—. ¡Todavía ni abrimos la siguiente ronda!
—¡Nada de quedarse! —se sumó Felipe—. Esa mirada suya es de alguien que hoy sale de cacería.
Solté una risa corta, dejando unos billetes sobre la mesa.
—Estás casi en lo cierto, Felipe. Tengo un compromiso en un rato.
—¿Compromiso? —Vinícius abrió los ojos de par en par—. ¿Desde cuánd