32. Mi Rey
«Selene… Mi Selene»
—Estoy aquí, Su Majestad —le susurró.
Selene dejó la carta sobre la mesita y se acercó a Frederick, le tocó la frente para medir su temperatura, seguía caliente, pero ya no parecía quemar como lo había hecho antes.
—Estoy aquí, no voy a irme —le prometió cogiendo su mano y estrechándola entre sus dedos.
Frederick se movió inquieto, su corazón estaba agitado ante los recuerdos que situaban a Selene en grave peligro.
—Mi Lady, no voy a permitir que algo malo le suceda —murmu