33. Estoy para servirle
Henry miró a su madre con cierto resentimiento, quizá era por la bofetada que le había dado, tal vez era porque no le había dejado tener la vida que deseaba y estaba llevándolo a límites que no imaginó llegar tan pronto.
—Tienes que ser más listo, Henry —expresó Anabel recomponiéndose. Había perdido la compostura y eso no era digno de la madre del futuro rey de Astor.
—Debería dejar que haga las cosas a mi manera, madre, le recuerdo que, sin Frederick, el futuro rey de Astor seré yo y no usted