31. ¡Selene!
Las doncellas inclinaron la cabeza en señal de respeto, mientras la mujer que respondió mal, tuvo que morderse la lengua y aceptar el mandato de Selene.
—Como usted ordene, mi Lady —susurró con los dientes apretados.
Selene miró a las mujeres por un largo momento.
—Hay algo más que necesito de ustedes, nadie, que quede claro, nadie puede saber lo que ha ocurrido acá. Tiene terminantemente prohibido hablar, murmurar o mencionar siquiera el nombre del rey —ordenó Selene, ella odiaba sonar prepote