Capítulo Veintiocho

El equipo de demolición llegó a las siete de la mañana del lunes.

Desde la ventana del dormitorio que daba al este, observé cómo tres hombres con cascos marcaban el perímetro del ala oeste con banderas naranjas, recuperando, habitación por habitación, lo que había sido la suite principal. Era un proceso preciso y profesional, sin dramas. Los edificios se derrumban como casi todo: metódicamente, por alguien que se dedica a ello profesionalmente, con la objetividad propia del trabajo, más que con
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