La arquitecta se llamaba Sofía y llegó el miércoles por la mañana con pantalones de lino manchados de pintura y la seguridad creativa propia de alguien que había diseñado desde plazas corporativas hasta circuitos de carreras privados y tenía opiniones sobre cada proyecto.
También llegó con un arnés de seguridad infantil en su bolso, porque al parecer Lucian había especificado en el informe del proyecto que la hija de seis años del cliente estaría presente en la consulta de diseño y tenía opinio