La ceremonia tuvo lugar en el jardín.
No en un lugar alquilado, ni en un acantilado costero, ni en un salón de baile diseñado para transmitir la magnitud de la ocasión. En el jardín de la finca Knight, donde los guisantes de olor comenzaban a trepar por el muro sur, los tomates echaban sus primeras flores y el rosal trepador había crecido treinta y cinco centímetros desde que lo planté en octubre y mostraba, en su rama más alta, el primer capullo cerrado de algo que iba a florecer.
No hoy. Toda