A la hora de la cena, Zaria se sentó allí tan rígidamente. Ella no le dijo una palabra. Issam se reclino en su asiento y paso su brazo alrededor de su silla.
―Tal vez puedas al menos sonreír ― le susurro en su oído.
Ella se giró y le sonrió. Podía ver que su sonrisa era fingida y tal vez hasta sarcástica. En todo caso todo lo que vio fue fuego en sus misteriosos ojos azules.
― ¿Crees que es adecuado sentarte allí y que todos seas testigos de tu enfado? Me parece mal.
―Bueno, tal vez tu segun