― Porque estas peleando conmigo todo el tiempo ― estampo su pie en el suelo de mármol. ― Tú y yo podríamos estar bien, pero cada vez que nos acercamos, me excluyes sin razón. Te niegas a dejarme entrar. ¿De que tienes tanto miedo? ¿No crees que mereces ser feliz?
Maldijo por lo bajo y la atrajo a sus brazos, llevándola contra su cuerpo.
―No puedo ser feliz contigo, Zaria. Las circunstancias lo hacen imposible. Cuanto más te deseo, más culpa siento. Estas en mi sangre y en mi mente y, sin embarg