Maximilien, sumido en los efectos del alcohol, se encontraba totalmente ajeno a sus acciones; en su mente, solo existía la vívida imagen de Amelia, inmerso en la fantasía que su mente creaba.
—¡No sabes cuánto te deseo! —Exclamó Maximilien, escapándosele las palabras.
—¿De verdad? Yo también te deseo. —Claude se encendió con las declaraciones de Maximilien y continuaron con apasionados besos, la pasión ardía. La acarició de manera sublime.
—¡Amelia! ¡Te amo! —Nuevamente, su subconsciente lo tra