Con una sonrisa de oreja a oreja, Maximilien se fue hacia su oficina, aunque le parecía increíble las palabras de Amelia, estaba dispuesto al nuevo comienzo, no se daría el lujo de perderla otra vez.
Al abrir la puerta, su madre lo estaba esperando sentada en la silla principal, su mirada estaba carente de expresión alguna, su mano movía un lapicero con ansiedad.
—Hasta que por fin te dignaste a salir de la oficina de esa mujer —Mary espetó enojada, Maximilien la miró confundido ¿Cómo sabía s