Tara mantenía la espalda pegada a la fría pared del dormitorio de la villa, con el corazón latiéndole desbocado mientras Lucian estaba apenas a unos centímetros de ella.
Sus ojos color miel oscura estaban fijos en los de ella con una intensidad que le debilitaba las rodillas.
—¿Me amas, Tara? —preguntó de nuevo, con voz baja y áspera.
Ella tragó con dificultad, la mente dándole vueltas.
—No… claro que no —negó con vacilación, forzando una risa temblorosa mientras lo empujaba suavemente por el p