Era el día de la boda. Un día para contemplar.El salón de baile brillaba bajo luces suaves, lleno del murmullo de los invitados y la melodía delicada del cuarteto de cuerdas. Flores blancas decoraban el espacio, elegantes pero no abrumadoras.Tara estaba en la entrada con su vestido de marfil, la tela abrazando sus curvas antes de caer con gracia. Su cabello rubio caía en suaves ondas y sus ojos esmeralda recorrieron la sala. Se suponía que esto era falso, pero su corazón latía como si fuera algo real.Lucian esperaba en el altar, alto e imponente con su esmoquin negro. Sus ojos color miel se fijaron en ella de inmediato, con la mandíbula marcada y un toque de esa mirada intensa que siempre le provocaba un vuelco en el estómago. Lucía cada bit como el poderoso CEO, pero hoy había algo más: posesión, tal vez incluso orgullo.Ella caminó por el pasillo sola, con la barbilla en alto y el ramo firme en las manos. Sandy le guiñó un ojo desde la primera fila, la única persona que conocía t
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