—¿Quién puede ser a está hora?
El sonido de mi teléfono privado a las cinco de la mañana no era una notificación cualquiera.
Era la alerta de mi servidor médico personal, ese archivo digital donde el doctor Galindo enviaba mis análisis.
Así lo habíamos acordado hacía un par de días, para ocultar las pruebas de mi enfermedad.
Ahora veía un intento de hackeo masivo desde una IP desconocida estaba tratando de robar información.
El pánico me entró de inmediato, temía el escarnio de los accioni