—¿Estás loca? Ahora eres la prometida de mi sobrino y le debemos respeto.
—Si lo acepté, fue por darte celos.
Una vena le pasaba por la frente. Sentí su mano alrededor de mi brazo, sin decir ni una palabra me llevó hasta la puerta de su despacho.
—De ahora en adelante mantén tu distancia, no es adecuado que estés a solas conmigo.
Un nudo en mi garganta y esas ganas de llorar retenidas, me hacían sentir que me faltaba el aire.
Él es un caballero, no lo critico, lo único que tengo en su contra