—Usted tiene la culpa, a mi no me pregunte nada. —Lo miré con rabia.
—¡Cálmate! ¿De qué se supone que tengo la culpa?
No pude más y le di rienda suelta a mis lágrimas, sentía el peso del mundo sobre mí.
Yo tratando de superarme y el mundo colocando su gran bota sobre mí.
Más que decepción era el cansancio, un agotamiento que me había dejado grandes ojeras.
—Se ha ido —logré articular entre jadeos—. Mi tesis. Ochenta páginas. Todo el semestre. Nicole... Seguro entró y lo borró todo. No hay nada