—Me habla claro yo no quiero ni tengo tiempo para jugar a las adivinanzas. —Le dije sin mirarlo mucho.
Se acercó y trató de tomarme por el brazo, lo esquivé.
—Está también, no te toco, pero vamos a mi despacho.
No negué lo acompañé, me hizo señas de que me sentara, mientras él buscaba el contrato en la gaveta del escritorio.
—Si has pensado en irte, te sugiero que leas esta cláusula —Debes pagarme unos diez mil dólares — Miró mi cara de sorpresa y agregó: —Lo sabía, no leiste la letra pequeña.