Me quedé callada, no tengo que darle explicaciones, eso alimenta más su obsesión por mí.
Él no dijo nada más. Me concentré en mirar el paisaje, tratando de no sentir esa tensión entre nosotros.
Me costaba respirar, cuando lo miraba de frente. Lo observé de reojo. Tenías los puños apretados.
Su mandíbula se veía tan rígida y esa pequeña vena en su sien palpitaba con un ritmo frenético. Era la imagen viva de la posesividad desbordada.
—¿Por qué está molesto? —susurré, rompiendo el silencio que am