—Si me vas a demandar, entonces que valga la pena.
Me volvió a besar, esta vez con más intensidad, me devoró los labios. En otro momento me hubiese derretido en sus brazos, pero no era el caso.
Ese beso era parte de su desesperación y lo que más me enojó fue que usará su fuerza para reclamarme como su propiedad.
Sus labios habían chocado contra los míos con tanta rudeza, ¿Así pretendía borrar mi humillación?
Era su forma de decir, “eres mía”, “aquí mando yo”.
Es fuerte, sus manos en mi nunca n