“Al fin una ducha decente. No quiero estar aquí cuando Gael venga.”, pienso mientras me relajo con el agua tibia cayendo en mi cabeza.
Al salir de la ducha eescuché que me tocaban la puerta de la suite.
Era la camarera que me traía dos cambios de ropa, supongo que de la boutique del hotel, tenían las etiquetas pegadas.
La recibí y me vestí rápido para irme, pero llegó el servicio de comida.
Había de todo, comí pollo horneado, papas al vapor, queso Gouda, torta de chocolate… Comí tanto que me ac