Arya.
Abrí los ojos, parpadeando por la claridad, y me di cuenta de que Máx se había movido.
Ya no tenía la vía del suero puesta; él mismo se la había arrancado, porque había un pequeño algodón con sangre sobre la mesa.
Estaba pensativo, contemplando mi rostro, tan concentrado que me sobresalté.
Su mirada ya no era la de la noche anterior. Por más que trataba de adivinar sus emociones no podía.
Había un muro de indiferencia, esa mirada fría me hacía sentir más culpable. Me levanté de inmediat