Arya.
Miré hacia arriba. La hija mayor de Gael, venía bajando los escalones despacio.
Nuestros gritos la habían alertado y se veía nerviosa y molesta.
Con el ceño fruncido y grandes ojeras por los desvelos de la clínica. Tenía los ojos fijos en nosotras, con una rabia que daba escalofríos.
Había escuchado cada una de las palabras que nos habíamos dicho. Anna titubeó de inmediato. El pánico le cruzó la mirada porque sabía que no podía soltar la verdad así como así.
Su orgullo aristocrático no