Arya.
El agudo olfato de policía de ese detective me ponía nerviosa, nada que se iba.
—¿No me oculta algo, señora? ¿Está segura?
El hombre ni siquiera pestañeaba. Con una libreta pequeña en la mano izquierda y un bolígrafo.
Seguía preguntando lo que ya le había respondido, tal vez para notar mis contradicciones.
Su actitud ya me tenía ofuscada, estaba a punto de mandarlo al diablo.
Por un momento hasta llegué a pensar que era cómplice de Adrián o se había propuesto que yo quedara como la culpab