POV Gael.
Desperté palpando la frialdad de las sábanas de seda, sintiendo el vacío de su ausencia.
Sí, estaba solo en mi cama, mi cama, me quedé con el brazo tendido y con la ganas de sentir el calor de su cuerpo, la curva de su cadera.
Me puse de pie de un salto. Aturdido por el silencio de la habitación.
—¿Alice?
Nadie respondió, algo iba mal. Mis ojos recorrieron la habitación hasta fijarme en la mesita de noche.
Había papel doblado. Sentí que se me erizaban los vellos; estaba desnudo.
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