Las puertas del ascensor se cerraron, ninguna de las dos se atrevió a pulsar un botón.
No le aparté la mirada, ella se veía furiosa, yo me cuidaba de que no se me lanzara encima.
Tamara tenía los ojos rojos, me miraba con furia.
—De acuerdo, pero antes de dar el dictamen, tienes que oír mi versión.
Al oír mis palabras, sus facciones se endurecieron.
Era una situación embarazosa de la que no podía escapar, era ahora que tenía que defenderme.
Por experiencia sé que cada vez que intento aclarar