Los días que siguieron los pasé con gran expectativa.
Después que Maximiliano se iba a dormir, revisaba las grabaciones de la oficina de Adrián.
El riesgo había valido la pena, ahora solo me faltaban las rosetas de maíz para sentarme a ver el show.
Adrián estaba sentado en su escritorio, con la corbata desanudada.
Tamara se sentaba en sus piernas, riendo con esa ligereza de quien se cree dueño del futuro.
—La novia de Maximiliano ya se tragó el anzuelo de la boda —decía ella en el video, juga