Carttal no perdió ni un segundo. Se giró y salió de la bodega a grandes zancadas, con Ethan siguiéndolo de cerca.
—¿Sabes cuántas montañas hay en el norte? —preguntó Ethan con frustración—. Podría estar en cualquier parte.
—Lo sé —respondió Carttal, con el pulso acelerado—. Pero no me importa.
Subió al auto y encendió el motor con un rugido. Ethan apenas tuvo tiempo de entrar antes de que acelerara.
La tormenta continuaba azotando la carretera. El parabrisas se llenaba de agua, y los faros apen