El aire fresco del bosque le ardía en los pulmones, pero Aslin siguió caminando. Cada paso era una prueba de resistencia, un recordatorio de lo que había dejado atrás y de lo que aún le esperaba. Kael caminaba a su lado, atento a cada sonido, a cada sombra que pudiera delatar su presencia.
Carttal.
Ese nombre se grabó en su mente con la misma intensidad del miedo que aún la envolvía. Sabía que él la estaba buscando. Lo sentía en su interior como si su propia alma lo llamara.
—¿Quién más es