Me acerqué a Aslin despacio, como si cada paso que daba rompiera algo dentro de mí. La vi temblar, apenas perceptible, con los labios apretados y los ojos húmedos. No se movió. No dijo nada. Solo me miró como si no supiera si debía confiar en mí o salir corriendo. Y eso dolía. Más que cualquier golpe. Más que cualquier traición.
Me detuve frente a ella, tan cerca que podía sentir el temblor en su pecho, el aroma dulce de su perfume mezclado con el miedo que aún colgaba en el aire.
—Tuviste razó