Quedé paralizada. Mi cuerpo no respondía; todo mi mundo se redujo a la fría punta de la pistola frente a mí y a la mirada implacable de Liam. Por un instante, mi mochila resbaló de mis hombros y cayó al suelo con un golpe seco que pareció retumbar en mis oídos. El sonido me hizo sentir aún más vulnerable, expuesta y pequeña.
—Espera… espera, por favor —logré balbucear, con la voz temblorosa—. Solo quería… solo quería recuperar el collar. Nada más. Es… es muy importante para mí.
Liam inclinó la