La mañana había llegado demasiado pronto.
El sol apenas despuntaba en el horizonte cuando bajé las escaleras de la mansión, donde encontré a los niños ya reunidos en la sala. Isabella se abrazaba a su peluche favorito, Liam jugaba nerviosamente con los cordones de su sudadera, y Noah me miraba con esos grandes ojos que siempre parecían entender más de lo que decía.
Me agaché frente a ellos, sonriendo para intentar disimular el nudo que tenía en el estómago.
—Papá volverá en dos días, así que tr