Capítulo XXXIV. Los enemigos presentan batalla.
Kimberly.
Por un segundo vi en los ojos de mi atractivo acompañante, que se sentía tentado, e incluso me di cuenta, que tuvo que agarrar con fuerza el sándwich que se llevaba a la boca, mientras que paralizado me miraba los ojos. Debía reconocer que tenía una fuerza de voluntad encomiable, porque ahora mismos con la mirada que este hombre me estaba dirigiendo, deseaba decirle que sí a todo. Pero en segundos esa expresión cambió y vi como con una sonrisa irónica se instalaba en los labios de mi