Norman.
Ya en mi despacho, más calmado, me dio tiempo para repasar todo lo que había sucedido, y había algo que no se me había pasado desapercibido, aunque por la situación en que nos encontrábamos, no era el momento de destacarlo.
No sé cómo lograré que mi esposa se controle, es tan inocente que no puede evitar que las emociones y los deseos, no se lean en su cara o en su cuerpo, es incapaz de ocultarlas.
Aún resuena en mi cabeza el gemido que salió de su boca, que solo podía significar una c