Norman.
Lo supe desde que Yvaine entro en mi despacho y la miré. El brillo de deseo en sus ojos la delataba. Esa niña traviesa no sabía disimular sus sentimientos, ni sus estados de ánimo.
Me deseaba y eso era algo que intentaba controlar, así que casi estallé en carcajadas, cuando Edward, el jefe de seguridad y asistente de mi esposa, leyó el estatuto de la empresa que restringe las relaciones amorosas entre jefes y empleados. Hasta Jason tuvo que usar una excusa tonta para salir, sin apenas c