Narrador
Ivanna cumplió su palabra sin dudarlo un segundo. Se detuvieron en un centro comercial a las afueras de la ciudad, donde compraron un teléfono móvil a nombre de nadie, sin contratos, sin huellas digitales ni rastros virtuales. Leona activó la línea con manos temblorosas y la mirada perdida en la pantalla iluminada, mientras Ivanna pagaba el equipo con billetes en efectivo. Su amiga miraba por encima del hombro cada dos por tres, alerta a cualquier movimiento sospechoso, como si temiera