POV Leona—Esto es lo mejor, créeme. Con el tiempo me lo agradecerás —dice Ignacio Della Rovere, con esa firmeza que usa cuando ya decidió algo y no piensa dar el brazo a torcer—. No te preocupes, tendrás todo lo que necesites, como lo estipula el contrato de confidencialidad que firmaste.Lo miro sin pestañear. Tres años. Tres años esperando que este hombre se dignara a darme un lugar en su vida, y él me lo resuelve con la misma calma con la que resolvería una reunión de negocios.Durante tres años en donde fuimos, casi todo, casi nada o casi algo. Porque cuando intentanba alejarme, Ignacio volvía a buscarme, hasta que terminé enamorandome por completo de él. —¿Todo lo que necesite? —repito, y no reconozco mi propia voz—. Qué generoso de tu parte, Ignacio.Él frunce el ceño, como si mi ironía lo tomara desprevenido. Bien. Que se acostumbre, porque la Leona que se tragaba cada silencio suyo se acaba de morir aquí, en esta sala.—No te pongas así.—¿Así cómo? —Doy un paso hacia él, y
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