El sol estaba alto en el cielo, derramando un brillo dorado y suave sobre los jardines de la Mansión Vellardi. La luz se filtraba entre las copas de los árboles, creando pequeñas manchas luminosas que danzaban sobre el césped verde, como si la mañana hubiese sido pintada a mano por los dioses. La brisa fresca de primavera traía el perfume dulce de las flores recién plantadas por Isabella y Aurora unos días atrás, mezclado con el aroma distante de tierra húmeda y madera. El canto de los pájaros