—Yo... vine a cuidar de Davizinho. —dijo Shirley, con voz melosa.
Intentó aparentar normalidad, pero era evidente que se había incomodado con lo que vio.
—¡Yo no quiero! —se quejó Davi, levantándose.
En ese momento, Enzo y yo también nos habíamos levantado.
—Davi... —Enzo pareció no saber qué decir.
—Quiero quedarme con Maria. —el niño fue tajante.
Shirley se mordió el labio. Y... aunque no éramos amigas, tampoco éramos enemigas. En los días que estuve fuera, ella se había quedado con Davi. Así