AMBICIÓN, EL MAL DEL MUNDO
Fingir que no había recibido la llamada sería peor. Necesitaba hacer que aquel hombre entendiera que ya había pagado la cantidad que pedí prestada.
Con cierta dificultad me agaché y recogí el teléfono:
— No le haga nada a mi hermano ni a mi padre —supliqué.
— No lo haré. Solo págame.
— Yo… tendría que nacer de nuevo para poder pagarle esa cantidad —fui sincera.
— Quizá tu hermano y tu padre paguen por ti. ¿Se atreverían a hablarme de esa forma?
Respiré hondo. Tenía qu