ANDREA
Martina se sienta frente a mí. Luego de unos minutos, se muestra claramente emocionada por la información que le he dado. Sin embargo, no puede ocultar un pequeño destello de duda en su mirada.
Es difícil esta mujer, aún así, ya se ha creído casi todo lo que le digo.
—Me alegra que finalmente hayas tomado conciencia del hombre que es David, Andrea —responde, pero noto algo de mentira en sus palabras, queriéndome hacer creer algo que no es—. Siempre supe que David no era bueno, pero mi h