BIANCA
Observo a Austin a través de la ventanilla. Está dormido. Las máquinas a su alrededor pitan de forma constante, marcando sus signos vitales, recordándome a cada segundo lo frágil que es todo. Me resulta imposible no llorar al verlo así, tan pequeño, tan vulnerable. Hace poco estábamos celebrando su cumpleaños, riendo, tomándole fotos… y ahora está aquí, rodeado de tubos y monitores, luchando por su vida.
—Saldremos de esta, corazón… —susurro, aunque él no pueda oírme.
Adrián está exhaust