MATTHEW
Adrián sale con su gente por la puerta con esa maldita actitud arrogante que tanto detesto. La espalda recta, el paso seguro, la tranquilidad de quien sabe que acaba de mover una pieza clave en el tablero. No mira atrás. No lo necesita.
Odio a ese imbécil.
Desde siempre, creyéndose mejor que yo. Y lo peor es que todo le salía bien. Yo me esforzaba, me rompía el lomo, calculaba cada paso… y aun así, él siempre ganaba. Siempre un paso adelante. Siempre intocable.
Ahora lo volvió a hac